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EVANGELIO DEL DOMINGO

 

    9 de Junio de 2024

  Domingo 9º del Tiempo Ordinario - Ciclo B

  San Marcos (3,20-35)

 

EVANGELIO

 

 

 En aquel tiempo, Jesús fue a casa con sus discípulos y se juntó de nuevo tanta gente que no los dejaban ni comer. Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque decían que no estaba en sus cabales. También los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios.

 Él los invitó a acercarse y les puso estas parábolas: ¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino en guerra civil no puede subsistir; una familia dividida no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa. Creedme, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre. Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo.

 

REFLEXION

 

 

 Una característica muy señalada del pontificado de Francisco es la frecuencia y claridad con que se ha referido al daño de la acción diabólica. Lo mismo que otros de sus predecesores ha recordado una verdad muy propia de nuestra fe: el demonio no es otro nombre para los males propios de la dureza de la vida sobre esta tierra, ni tampoco es otro nombre para la maldad humana, por sórdida que llegue a ser.

 El Evangelio nos introduce en ese realismo que muestra el Papa Francisco en cuanto a este tema. Cristo habla del demonio como uno que es muy fuerte; uno que se mete en una casa y no hay quien lo saque; uno que quiere adueñarse de todo. Eso hay que tenerlo claro: el mal, sobre todo el mal espiritual, no se frena solo.

 Por otra parte, el texto muestra que el espíritu malo, el demonio, no es omnipotente. Hay uno más fuerte, que es Cristo, que con su Espíritu, derrota y despoja al demonio. Es importante que todos comprendamos que lo que nos supera a nosotros no supera ni al poder ni a la sabiduría de Dios.

 Acercarnos a la Eucaristía, con la debida preparación y las debidas disposiciones, es un modo integral de dar entrada a Cristo a todo nuestro ser: alma y cuerpo.

 Al unirnos con el que es más fuerte, y santo, y sabio, estamos recibiendo de Él la gracia que nos hace vencedores. No hemos nacido para derrota sino para victoria pero la fuerza no reside en nosotros sino que la recibimos de Él.

 

 

2 de Junio de 2024

Domingo 8º del Tiempo Ordinario - Ciclo B

San Marcos (14,12-16.22-26)

 

EVANGELIO

 

 

 El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos: ¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua? Él envió a dos discípulos, diciéndoles: Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: "El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?" Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.

  Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua. Mientras comían. Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo: Tomad, esto es mi cuerpo. Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron. Y les dijo: Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios. Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos.

 

REFLEXION

 

 

 La Iglesia ha recibido la Eucaristía de Cristo, su Señor, no sólo como un don entre otros muchos, aunque sea muy valioso, sino como el don por excelencia, porque es don de sí mismo, de su persona en su santa humanidad y, además, de su obra de salvación. Ésta no queda relegada al pasado, pues "todo lo que Cristo es y todo lo que hizo y padeció por los hombres participa de la eternidad divina y domina así todos los tiempos...".

 Cuando la Iglesia celebra la Eucaristía, memorial de la muerte y resurrección de su Señor, se hace realmente presente este acontecimiento central de salvación y "se realiza la obra de nuestra redención". Este sacrificio es tan decisivo para la salvación del género humano, que Jesucristo lo ha realizado y ha vuelto al Padre sólo después de habernos dejado el medio para participar de él, como si hubiéramos estado presentes. Así, todo fiel puede tomar parte en él, obteniendo frutos inagotablemente.

 Ésta es la fe de la que han vivido a lo largo de los siglos las generaciones cristianas. Ésta es la fe que el Magisterio de la Iglesia ha reiterado continuamente con gozosa gratitud por tan inestimable don. Deseo, una vez más, llamar la atención sobre esta verdad, poniéndome con vosotros, mis queridos hermanos y hermanas, en adoración delante de este Misterio: Misterio grande, Misterio de misericordia. ¿Qué más podía hacer Jesús por nosotros? Verdaderamente, en la Eucaristía nos muestra un amor que llega "hasta el extremo" , un amor que no conoce medida.

 

 

 


 


 

Homilias: F. Nelson